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Hoy, 1 de diciembre de 2007, se conmemora el Día Mundial del Sida. Una
oportunidad para reflexionar sobre el impacto de la diseminación de la
epidemia de VIH alrededor del mundo, los logros obtenidos en responder a
la misma y las lecciones aprendidas que nos permiten seguir adelante con
el trabajo para reducir su impacto en la humanidad.
Desde la aparición del SIDA, se han identificado con claridad los
métodos y prácticas más eficaces para su prevención, tratamiento y
cuidados requeridos como parte de una respuesta integral. Sin embargo el
número de personas infectadas por esta enfermedad sigue en aumento, no
todos los que necesitan tratamiento lo están recibiendo y existen aún
vacíos en los cuidados y el apoyo para las personas afectadas.
En América Latina, se registraron este año alrededor de 100,000 nuevos
casos, según el reporte epidemiológico preparado conjuntamente por la
Organización Mundial de la Salud y ONUSIDA y diseminado hace pocos días
atrás. Esta cifra eleva a un total de 1.6 millones, el número de
personas que viven con el VIH en esta región.
Aún existen retos importantes para la región, como lo son la reducción
de los altos índices de estigma y discriminación, la limitada
visibilidad de la epidemia en general y la falta de prioridad de América
Latina en las agendas de los donantes. La relativa baja prevalencia en
VIH esconde altos niveles de vulnerabilidad de poblaciones como hombres
que tienen sexo con hombres, trabajadoras sexuales y usuarios de drogas
inyectables. Además, las inequidades sociales y económicas,
conjuntamente con la pobreza, son importantes factores de riesgo para
el VIH.
A pesar de esto, la región cuenta con muchas fortalezas. El esfuerzo de
muchos sectores que promueven y trabajan incansablemente para lograr una
respuesta más efectiva al VIH cada vez es más notorio.
Son hechos muy positivos: la participación de la sociedad civil
latinoamericana, a través del trabajo de sus redes y sus capítulos
nacionales a nivel de los países, incluyendo los grupos de mujeres que
viven con VIH, en alianza con la recientemente formada Coalición de
Mujeres Líderes. Además, observamos la participación efectiva de los
diferentes grupos que representan la diversidad sexual coadyuvando
esfuerzos alrededor de la reducción del estigma y discriminación. La
atención de otros sectores e instancias de los gobiernos y Estados, así
como del sector religioso, nos demuestran que la problemática del Sida
no es una cuestión limitada al entorno de la salud.
Consolidar una respuesta nacional para una prevención más eficaz exige
de un liderazgo sólido, informado y comprometido; además de
coordinación, y responsabilidad. La autoridad nacional del SIDA – en
consonancia con los principios de los “Tres unos” – debe marcar ese
camino, reforzando la respuesta nacional multisectorial y asegurando que
participen de forma significativa en ella las personas más vulnerables a
la infección y las que ya viven con el VIH.
La Conferencia Internacional de Sida, que ocurrirá por primera vez en
América Latina en México el próximo año, nos presenta una gran
oportunidad de presentar al mundo los retos que todavía enfrentamos en
la región y mostrar las buenas prácticas desarrolladas en estos últimos
años a la epidemia del VIH.
Hacemos un llamado a todos los sectores a involucrarse en la respuesta
al sida. La participación activa de los gobiernos, los grupos de
sociedad civil, los organismos internacionales, el sector privado, así
como también los medios de comunicación, es vital para mitigar el
impacto del VIH y SIDA. “Unir al mundo contra el SIDA” es más que un
lema para ONUSIDA, es el cometido de una acción sostenible que involucre
el compromiso de todos.
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